martes, 6 de noviembre de 2012

LA RACIONALIDAD PRIVADA

Muchos intelectuales escogen de la racionalidad lo que les conviene, como si quisieran tener para uso o comprensión personal una propia Ley de Gravedad por ejemplo. Sencillamente porque cuando hay que afrontar todas las razones -o toda la extensión racional de algo- no les interesa y, así, van a la evasiva, haciéndose de los que cambian de tema o de terreno racional al menor descuido. A juego sucio y a depravación (como si tú pagaras impuestos y el alcalde no, como si a uno de tus hijos les das toda dignidad y a otro le niegas el pan, o sea, ya no le aplicas las reglas de la dignidad sino "otras oscuras reglas").

Por orgullo recurren a otras reglas suyas e imaginadas, o no aceptan lo que hay y argumentar... ¡ni pensarlo!, no les gusta
"Este es un desastre relativo" dice uno; pero ¿es o no es? Pues, si hay alguna desgracia con respecto a los seres humanos o con respecto a la naturaleza -a un resultado-, es un desastre. Lo que ocurre es que hay que explicarlo, demostrarlo, aportar pruebas o argumentaciones coherentes. Huir hacia es "relativo" o "oculto" es muy fácil, demasiado fácil para que, luego, se presuma de algo de inteligencia.
"Esto es relativo con respecto a nosotros" dice otro; pero, claramente, algo no puede ser relativo con respecto a unos ni a otros ni a nada, sino es con respecto siempre a un resultado, porque no se ha demostrado que algo sea relativo y además que, si lo fuera, lo sería para todos -ya que no existe un código secreto o divino para unos pocos o privilegiados-. Además, un sentimiento tuyo lo sería con respecto a otro tuyo y se formaría un manicomio. Otra cosa es decir que algo es subjetivo y ya subjetivo lo será, eso, para todos. Eso ya es para todos. Otra cosa es decir que algo es objetivo y ya objetivo lo será, eso, para todos.
La razón es sólo un contexto -racional- y no cuarenta mil, con sus propias reglas, de las cuales nosotros no podemos escoger unas sí y otras no, cambiándolas de un día para otro; o huir de esas reglas para, luego, pretender analizar algo -aunque ¿con qué se analizaría, con razones o con tonterías privadas?-.

"Esto es un lío relativo" dice otro; pero si lo ha dicho él, ¿no será él el verdadero lío o relío? No, no se puede utilizar la razón para decir que el comer es "relativo" mientras que para otro no y para otro sí -todo dentro del contexto racional-; porque se confunde, se manipula, se tapan o se deterioran las reglas por las cuales cada cosa es una realidad innegable. Sólo se manipula con la confusión -con la razón no se manipula porque... ya está ahí- y lo hacen intelectuales ni más ni menos, intelectuales -o los que se pasan por ellos- que son los que han manipulado siempre -al estar en los medios de comunicación e incidiendo en los poderes fácticos-. El nazismo no lo promovieron cuatro carpinteros, esto está bien claro, sino esta gente, o esa parte que a manipular se dedica.

NOTA.- La realidad -porque no sea por nosotros manipulable- no puede tener algún término adherente primordial sino el de "absolutamente": un ser humano es absolutamente un ser humano, un "concepto X" es absolutamente un "concepto X". Por principio-base de la razón, por principio de distinción para que una cosa no sea igual a otra; ya que una cosa no es absolutamente igual a otra cosa -que no sea ella misma-. Por eso, una cosa es absoluta, porque no es sino ella misma, un elemento no restrictivo en eso en la realidad. Una opinión - "la luna no existe" o "la Tierra es cuadrada"- es válida emocionalmente -subjetivamente, por capricho emocional-; pero no en el contexto racional.

domingo, 30 de septiembre de 2012


Pensamiento coherente sobre la realidad


Si una cosa la podemos soñar, no significa que sea un sueño; si una cosa la podemos dibujar, no significa que sea un dibujo; si una cosa la podemos comparar, no significa que sea una comparación; si una cosa la podemos imaginar como estática, no significa que sea estática —"limitada de cambiar"—; si una cosa la podemos negar, no significa que sea una negación, o sea, que no exista -solo es improbable, no imposible de antemano-.
Porque todos sabemos que la mente tiene su juego propio -de aprobar conveniencias y de fijarlas-, indispensable para sobrevivir y, así, satisfacerse; incluso de una forma insumisa ante la razón, ante la realidad. La mente desafía, "apuñala" la realidad siempre que tenga una oportunidad —aunque no siempre con coherencia—, pues solo quiere controlarla, moldearla, anularle los "fríos" códigos que la sustentan si no le interesan.
Así, no desperdiciará teorías anímicas que se extrapolen de lo más elemental,  de la razón, de lo coherente.
Ahora bien, con los pies en el suelo, lo absoluto —tiempo, espacio, movimiento, etc.— es lo ilimitado, sin restricciones, que se puede relacionar pero no es relación "per se", que existe y de una forma cambiante en sus formas —ni siquiera el cuerpo humano es fijo, fijo—, aunque con unas "leyes" fijas —principios fijos que permanecen —principio inercial o principio de acción y reacción, por ejemplos—.

En determinación, sí, todo lo existencial lo es porque posee esas "leyes", y precisamente las posee porque todo viene de algo, es producido, tiene sus causas. Por lo tanto, considérense esas "leyes" como causas, sustentos reales, axiomas inevitables.
Ilimitado, cierto, es el tiempo, el espacio, la realidad en suma, en su contexto físico —existente— y siempre la limitará el ser humano a su contexto irreal —inexistente, de ideas y emociones—. De ahí que en un anterior artículo tratase de los límites de la realidad: sí, ante esta inexistencia, en cuanto que lo ilimitado de la realidad no tiene nada que ver con lo ilimitado de nuestras posibles ideas o imaginaciones irreales, así es, la diferencia es la propiedad de lo probable: "algo que es real" puede probarse y, en cambio, "algo que no es real" nunca puede probarse.
Dicho eso, cuando creemos que la vida es limitada, en poco nos damos cuenta de que no es así, que ha ocurrido y puede ocurrir infinitamente en lo que transcurre —sin limitaciones definitivamente reales—. El ser humano, sí, al analizar las cosas, las detiene, las hace dibujos, y comete el error de que las limita a ese instante, las somete a un valor o a un concepto aislado, vulnerable a la máxima del transcurrir de todo. Entonces, el ser humano se decepciona al comprobar con ingenuidad que ese valor paralizado, limitado téoricamente, se desvanece con sus oportunistas puntos de referencia atribuidos a su esencialidad fija —porque los puntos de referencia son útiles sólo en lo teórico, pero limitan lo ilimitado—.
Por ello, cada cosa es ilimitada en sus infinitas posibilidades (no hablo de capacidades), porque "vive" o se sustenta en contextos ilimitados; por ejemplo, un ser humano tiene infinitas posibilidades sobre lo que le pueda ocurrir. También cada cosa es "independiente" de otra cosa, no puede ser esa otra cosa a un mismo tiempo.
Reaccionariamente —para su conveniencia—, así, la mente no quiere lo ilimitado, sino limitar y controlar, y "sobornar" a la realidad. Los conceptos subjetivos igualmente son ilimitados, absolutos; porque el amor, la esperanza, la tranquilidad, etc., no tienen limitaciones: siempre hay una esperanza mayor —algo que demuestra que es absoluta. Sin embargo, alguien dirá que su amor no lo es, pero ¿puede cohonestar la realidad?, ¿puede negarse ante él, puede limitarlo, puede no admitir que está a expensas de todo el amor posible?
¿Puede arrancarse a sí mismo —o a la vida— eso?

(Escrito en 2002)

NOTAS:
- Nada es realmente estático, nunca tiene el mismo estado ("todo cambia", "todo se mueve").
- La única propiedad y naturaleza del "punto de referencia" es fijeza; y eso no existe en un "todo se mueve".

miércoles, 25 de julio de 2012

LO ESENCIAL

Si una mujer tuviera unas medidas corporales bastante proporcionadas, y de una altura de 175 centímetros pero, sin descartar, que fuese muy sensible, muy reflexiva, muy analítica y muy ingeniosa, entonces, sería un resultado de una mujer completa, perfecta con respecto a todas”.

¡Ah!, de entrada, esto no es más que un enunciado de los que, a veces, “se deciden” o se construyen -claro, por la lógica- como axiomas o reglas matemáticas; porque, esta ciencia, sí, atiende primero a una lógica de los números y de las proporciones, como base, en operaciones para todos sus posibles resultados armónicos o... ideales.

Por ejemplo: Una esfera es un resultado sólo, sólo matemático y resulta, asimismo, ideal (perfecto) o lo que supone o señala, por igual, un triángulo equilátero; por cuanto que ya resultan perfectamente armónicos así -en elección o en volición-, mediante la utilización de axiomas “perfeccionadores” -en lógicas- que, “inevitablemente”, se dirigen hacia esa armonía “deseable”, esté o no esté en algún lugar, exista o no exista.

Con eso dicho, desde luego, un teorema o una regla matemática puede ser la verificación de que se cumple algo con unas concretas mediciones o, por otro lado, la pretensiosa traslación de que algo debe cumplirse con los mismos elementos de esa verificación; esto es, lo que se supone que puede ser verificable, aún no siéndolo (más claro: se busca un resultado en vez limitarse a encontrar un resultado).

La lógica, que “siempre se ha entendido” como matemática -de hecho, es su sustento-, fue propugnada o enseñada por Platón y Aristóteles estableciendo, para el conocimiento en general, ya un procedimiento analítico o pensamiento analógico; es decir, de unívocos o de semejanzas, de interconexiones, en la prioridad de relacionar cosas porque, como consideró anteriormente la escuela de Mileto, existe antes que nada -por evidencia en la realidad- una “homogeneidad entre la causa y el efecto” (si la realidad de las cosas es física, sus causas también).

Pero, aun así, por una concreción, ¿qué es lo esencial para la lógica?
Para Anaximandro y Anaxímenes -epígonos de Mileto-, era la naturaleza como “causa última”; posteriormente, en el pensamiento cartesiano, era una “causa primera” o suficientemente sólida en la lógica, aunque fuese ésa -que puede pasar por algo solipsista- del “pienso, luego existo”; y, más actual, en el pensamiento paradigmático de Kuhn, son unos patrones de pensamiento asertóricos que se siguen, aunque siempre sobre sus valores anteriores.

Para Kant, a tenor de eso, lo esencial... era la intuición del ser que se traslada en el tiempo, que trasciende con su “a priori” intuitivo e inesquivable; y, para Hegel, sólo las ideas de cualidad, las cualidades, definen qué es el ser, porque ya lo dintinguen, lo diferencian, lo exponen (o sea, a cada ser con y por sus atributos).

La lógica, sí, es -en resumidas cuentas- la consideración evidente de las posibles relaciones entre las cosas -con sus propiedades- y sus resultados que se dan por seguro ante unos principios o reglas más o menos pretensiosas; conque lo esencial, para la lógica, es todo principio demostrado por la práctica, en la experiencia (por ejemplo: el principio hidrostático de Arquímedes) y no, no todas las reglas que “se deciden lógicas” para “resultados lógicos”, también “decididos”, en incorporeidad, como... “ideales lógicos”.
De manera que, un principio, no es ni plenamente significa una regla; ambas cosas están separadas por... la experimentación, por la “praxis”, por la verificación práctica.

Un “silogismo”, un axioma, con ello, desde luego, pueden ser independientes de la realidad; a ver, estos conllevarían, sí, unos efectos perfectamente lógicos pero ante unas proposiciones (causas) no realmente lógicas, sino idealizantemente lógicas, o ésas, “las que se han de esperar”, no siendo aún.

Lo esencial de algo, la propiedad que se le distingue -a él- tras una comprobación física, no tiene por qué ser esencial para otro algo; conforme a que no -como primero-, no le constituye, o conforme a que ni siquiera los dos pueden hallarse en unos contextos análogos o que se relacionen.

Las matemáticas, éstas congeniando todo tipo de resultados numéricos y proponiendo, en esa lógica o lógicas, resultados muy armoniosos, a veces se separan de eso tan sólo que es esencial, de eso ya... comprobado, ya posible. Quiero decir, no rotundamente una esfera está demostrada como real, sino es -”de antemano”- lo que “se sueña” ante proposiciones “idílicamente perfectas” como idealidades matemáticas; y es muy improbable en la realidad cuando, ciertas linealidades matemáticas continuas, son imposibles en un espacio interactivo, éste siempre impidiendo o “rompiendo” una fija o íntegra o deseable -en fija continuidad- armonía.

Además, algunas “puras lógicas” o “sublimaciones numéricas” o resultados axiomáticos ya utilizan unos elementos “desacreditados” o no comprobados como reales.

De la multiplicación de 2 por 1, todos pueden ver a DOS COSAS que se multiplican por UNA para obtener -lógicamente- un resultado correcto, el que le corresponde; por el contrario, de la multiplicación de 1 por 0, todos pueden ver a UNA COSA pero no pueden ver, nunca, a la otra con la cual se multiplica.
Es así, es un “supuesto lógico-matemático, una “referencia idealizante”, útil a eso, pero no real, no comprobable.

Un triángulo equilátero, al igual, representa no más que una proporcionalidad buscada mediante las aplicaciones, sin limitación real, de los números; o, más claro, estos tienen todas las licencias pero, en particular, ninguna, ninguna limitación de las que ya la realidad -o la experimentación- obligatoriamente presenta para que sea como tal, sujeta a su mismo o a su concreto contexto, a su interacción en su carácter posible, a su “ontogenia” sólo posible, o a sus consecuentes principios.
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DE LA TEORÍA DEL CAOS

 De entrada, es una teoría que, de tan amplia, abarca el todo, aun lo que está por verificarse en la realidad; ésta se sustenta en las matemáticas no lineales por señalar o por medir movimientos iniciales que no siguen -a causa de diversos factores y variables- una periodicidad concreta, o sea, porque son imprevisibles.

Aún así, como teoría que además cuenta con postulados y fórmulas, cualquier sistema en cuanto al movimiento es unívoco, en probación, por lo que no existen -como base científica- “los sistemas no dinámicos” de donde partir de una manera lo más racionalmente teórica -o taxativa- : sí, ya todo sistema físico es funcional y categóricamente... dinámico.

Pues bien, esta teoría que valora unos exactos parámetros que fijan unas condiciones iniciales de un movimiento por considerar su estabilidad en un “espacio de sus estados” en el tiempo, sugiere un comportamiento “imprevisto”, impredecible, de unos sistemas que llama caóticos pero que son atraídos por un movimiento que le es característico en su periodicidad, o atractor.
El atractor, al no ser simple en lo caótico -por la extrañeza misma “de su recorrido”-, aquí muy indeterminado, es clasificado o calificado como “extraño”. También, por su geometría difícil, que se expresa en la naturaleza, se entiende como fractal.

Pese a eso, en lo dinámico, en lo que funciona sólo con el movimiento, claro, todo es impredecible para una concreción espacial; y los “sistemas estables”, que han de seguir a una órbita o a un movimiento más o menos estable -pero nunca fijamente estable-, son en una proporción -la que sea- también inestables.
Quiero decir, un sistema de movimiento, al ser sistema -un movimiento diferente en concreto-, repite sus movimientos, sí, con cierta estabilidad; y a esa REPETICIÓN, que se le puede bien llamar atractor o “tendencia”, o condición dinámica propia más o menos estable -en frente a inevitables variables- de ese movimiento.

Es cierto, de cómo se inicie esa repetición, la cual ocurre en un presente físico y se puede medir en unos "supuestos" estables parámetros, se facilitará un recorrido causal -por principio o por inicio- y será impredecible -inevitablemente- respecto a las variables -que asimismo condicionan- que incidan en su desarrollo -aquí- concausal.

Lo que hay que superar, es lógico, es que nunca existen sistemas dinámicos a priori y a posteriori sin antes comprenderlos -por hacerlos coherentes- como “desarrollos”, ciclos pero con su propio... desarrollo; es decir, los movimientos, como imprevisibles ante sus posibles variables, converjen cada uno -porque lo sea- en desarrollos "singulares", siempre diferentes.

Un error: A la “matemática no lineal” se le suele denominar de antemano imprevisible o caótica cuando, por ser obligación matemática ofrecer -tratar- lo exacto, debería denominarse “estadística” o “probabilidad”.

A ver, el orden del movimiento -que lo posee- nunca es... lineal -sí, puede serlo como un concepto-, ni predecible; sin embargo, estructuras complejas, porque las sean, se rigen -en evidencia- por una COHESIÓN de movimientos condicionados a las mismas fuerzas o principios de tal cohesión -posibles o ya sólo posibles por una interacción-.
Eso es, no tienen movimientos a un cien por cien estables, fijadores para -como tales- conducir a una... inmovilidad, sino -más bien- condicionados -o dependientes- por una estabilidad de cohesión (una "simbiosis": una parte de la estructura compleja "ayuda" a ese todo, porque forma parte de su desarrollo condicional, depende de él y, por tanto, sus "reacciones" o respuestas) y de resultados de interacción.

Por ejemplo: De cómo bote un balón -imaginen que éste es cualquier sistema- es algo crucial que va a determinar toda la trayectoria del balón (esto propugna la Teoría del Caos). Su fase inicial, es cierto, se puede medir pero, todo lo demás, conlleva predicción o adivinación; por lo que se sugiere con inevitable truculencia de imaginación científica o con más o menos "desvariadas" hipótesis.

Toda variable o incidencia del medio en la trayectoria del balón es una “nueva” trayectoria, de improviso necesario, que nunca puede ser calculada... al exacto modo matemático.

¡Ah!, lo que sí -por otra parte- puede saberse siempre es... lo que ya ha recorrido y sus condiciones apriorísticas que, claro, le delimitan, le restringen y "más lo permiten" entre una zona de estados “causalmente” posibles.

Nota.-
En meteorología, es conocido el "efecto mariposa" , el cual popularmente ha extendido la teoría del Caos: el aleteo de una mariposa en China -por ejemplo- puede ser la causa -yo diría parte de la causa, una... causa- de un huracán ya en otra parte de la Tierra (no, no es totalmente cierto sostener que un meteorólogo predice el tiempo que va a hacer, sino que advierte -como alerta- ya la existencia de una baja presión o de aire cálido-húmedo o de nubes y, también, hacia los lugares donde se dirigen, al parecido modo de advertir la trayectoria eclíptica de un asteroide por ejemplo).

Habría que concebir, claramente, que cualquier sistema complejo interacciona y algún "accidente" -de los no habituales en él- puede determinarlo de una forma que parece "caóticamente" distinta.
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lunes, 19 de diciembre de 2011

LA COHERENCIA


Si buscas -quieres conocer- o utilizas un tipo -una maneraforma, etc.- de agua en el mundo, por muy lejos que vayas para eso, lo que utilices, será agua; si utilizas -para convivir, para comunicarte, para referenciarlo- un tipo de ser humano, vayas a donde vayas, en coherencia es un ser humano; si utilizas un tipo de argumento racional, vayas a donde vayas, ha de ser racional: esa es la coherencia.
Claro, ser coherente no es una conveniencia o un informar o un establecer “lo que me parece”, sino es un estar siempre “en unas mismas reglas de juego” -para dar constante ejemplo de responsabilidad y de sensatez-, o sea, es el utilizar siempre la realidad con la razón aunque, además, seas sensible; aunque, además, tengas hábitos culturales o costumbres; aunque, además, tengas ideales o pasiones.

Eso es así contra la confusión, porque muchos hablan de tipos o maneras de mujer para concluir en lo que no es una mujer; si tú hablas de un tipo de “mujer”, sea quien sea, tú estás hablando solo de “mujer”, y por nada puedes separarte -para cualquier justificación emocional- de que estás hablando -al fin y al cabo- de “mujer”.

Lo que hables, cierto, ha de ser compatible con los hechos, no solo con tus emociones; porque si tú hablas de un “tipo de verdad” -o de razón-, tú estás hablando de “verdad” ante todo, no que por ser “un tipo” -o una forma- ya deja de ser verdad.
Así, en tal contexto de la coherencia, si tú hablas de “mi verdad” ante todo estás hablando de la “verdad” -lo que ha de tener una compatibilidad o se remite a los hechos-.

Y, por sobreentendido, la coherencia es racional -o ética que está dentro de lo racional-; no se puede decir -utilizando o aplicando otras reglas de juego en conveniencia- que tienes “una coherencia ideológica”, “una coherencia religiosa” o “una coherencia pasional” para eximirla de lo racional y, así, por tal vía libre a “todo vale”, justificar cualquier aspecto evidentemente subjetivo; por lo que es una seudocoherencia. Lo primero es lo primero, y la coherencia base u objetiva es el utilizar por constancia la realidad con la razón, antes que con lo que se cree, se rumorea, se transmite interesadamente por grupos o corporativismos, se sospecha por prejuicios o se imagina.

Si tú estás hablando de tipos de información rigurosa con los hechos, sin irte a los cerros de Úbeda, tú estás hablando -para que no seas incoherente- de información rigurosa con los hechos, sea cual sea la etiqueta que a gustos se le ponga.

martes, 22 de noviembre de 2011

EL BENEFICIO IMPRESCINDIBLE DE LA EXAGERACIÓN


Valorar una cosa significa engrandecerla -DARLE IMPORTANCIA, pero no quitarle importancia-; o sea, DEFENDERLA contra la infravaloración, contra el menosprecio: protegerla.
Y eso ha sido siempre posible mediante la idealización o EXAGERACIÓN de lo que, con razones fundadas, es bueno o es un buen valor. Claro, cuando uno de verdad ama, sobredimensiona ese sentir, lo exagera; cuando uno tiene un único amigo, lo exalta exagerando en que no tiene siquiera defectos, es decir, lo exagera.

También la religión conduce a darle -no evitando la exageración-, a cualquier adorador de un dios, cualidades divinas que, evidentemente, se exageran. Además, cada uno, por defender a su hijo, dice que es "el mejor"; y, por defender, a su madre, dice que es "la mejor"; y, por defender a su perro, dice que es "el mejor".

Conque defender cualquier valor bueno o ético es, asimismo, idealizarlo o darle ya tanta importancia que sobrepasa lo que de vulgar o lo que de cotidiano -realmente- posee. Y eso es muy legítimo, además de muy imprescindible.

A ver, en todo decir humano puede existir UN EXAGERAR LA MENTIRA o UN EXAGERAR LA VERDAD considerando que, por mucho que se exagere la mentira -que es la base-, no deja de ser mentira -he ahí el error- y, por otro lado, por mucho que se exagere la verdad -una verdad: un valor ético-, no deja de ser verdad -he ahí el acierto o su legitimidad-.

Por eso, siempre cualquier verdad se ha energizado así -se ha protegido- para que reciba las máximas atenciones posibles, porque -en beneficio seguro- prevalezca o porque sobreviva frente a sus incontables obstáculos.

El error siempre empieza desde la base, desde una base irracional -o mentira- que se exagera gratuitamente, implantando confusión o desconocimiento en el entorno.

sábado, 29 de octubre de 2011

RECONOCIMIENTO DE LO QUE ES

Todos los seres vivos inevitablemente vayan a donde vayan perciben la realidad, pero en su extensión no la misma realidad -por ejemplo, un pez no con respecto a un pájaro-.
Sin embargo, todos y en concreto los de cada especie siguen a un modelo percibiendo la realidad, esto es, los seres vivos que constituyen una especie reciben de la realidad lo mismo aunque no quieran, con plena objetividad y con plena demostración(*).

Un árbol cualquiera recibirá de la realidad luz, una dosificación de nitrógeno, potasio, fósforo y oligoelementos, agua y dióxido de carbono siempre, de forma regular; aunque, claro, se diferenciarán de otro árbol esas intensidades que asimila de tales esencias o partes de la realidad para que, así, salvaguarde la individualidad existencial o, para todos, el principio de diversidad.
Por eso, nada cambia en el fondo -en cualidad-.

El ser humano, en su último eslabón de la evolución, funcionará en su esencia como la primera célula que hubo en la Tierra: nada cambia, excepto formas posibles que "sustentan" el movimiento de todo, formas que garantizan -a su vez- que nada cambie.
Sólo las formas cambian... hacia otras posibles -o consecutivas-.

Es un error el que se diga que un ser humano no percibe lo mismo que otro, por razón de que percibe lo mismo biológicamente -en cualidad- y conceptualmente todo lo que tenga una definición física directa: río, montaña, árbol, luna, luz, piedra, etc.

¡Ah!, por supuesto, lo que varía más es lo que vive intensamente de algo -en la experiencia, por medio de ella-.

Los seres humanos, de la realidad física, comparten casi el cien por cien de los conceptos (y de los genes casi... casi son los mismos de un animal a otro, o sea hay diferencias, pero no tan enormes) y sólo en la realidad social es en donde se diferencian con subjetividad porque, como es lógico, sólo en lo social un ser desarrolla su psicología, es decir, la formación de "pareceres" comunicativos, de partidos -que siempre atienden a lo emocional o a la idealización-, de gustos o de caprichos en cuanto a que, en la comunicación, los seres vivos ahí están más que nunca frente a frente, autoafirmándose o compitiendo sistemáticamente porque prevalezcan, sí, como individualidades de acción. La subjetividad es un fruto o una consecuencia social, no biológica.

Por lo tanto, lo subjetivo es, ante todo, un "elemento diferencial" pero que nace del compartir primero (del hecho social), producido o añadido porque se defiendan sin duda ideas-utopías, o seducciones ante otros.
Es algo extraesencial, que no está nunca fuera de eso que se llama sociabilidad o sugestión social o complicidad social, de intención humana partiendo de lo social siempre.

Y, en eso, no debe imponerse, como ahora, ya ocupándose de la realidad como un "yo ante ti" que "me vendo mejor con éstas intenciones o con ésas", en beneficio de una proliferación de religiones individuales que cierran las puertas al proyecto común que respeta mejor objetividades o hechos u obviedades reales en la vida o en la sociedad, que ya estaban antes de ser maltratadas en el presente por la subjetividad de turno, o sea, que ya estaban antes de la subjetividad.
Pues, cuando el ser humano percibía también instintivamente como los demás animales, entonces, el agua era agua, el fuego era fuego y la tierra era tierra.

Cierto, es comprensible, está fuera de quicio decir "La realidad depende de mi religión particular, de mi cabezonería" y, además, como imposición o utilizando medios o recursos públicos que sencillamente no están en sensatez para eso, para eso, sin demostración, como... paranoia.
Es la realidad social la que sí depende de unos agentes sociales que todos, individualmente, pueden ayudar o no. Esa es la que puedes cambiar tú.

Si el ser humano quiere construir algo, bueno, al momento se verá obligado a recurrir a principios objetivos, esto es, extraídos sólo de la naturaleza y estarán fundados en un orden racional (el orden irracional, por el contrario, siempre está provocado por la intención egoísta -de conveniencia- humana): común para todos.
Por ejemplo, construir una casa (ahí, eso es, no te sirve que te guste Maradona).

Al afrontar el Sida, ahí, lo subjetivo racionalmente está molestando en la manera de que se han de usar preservativos contra lo subjetivo de la religión, contra lo subjetivo de la costumbre, contra lo subjetivo del gusto personal o del "me parece" o "le gusta a los míos o a los de mi partido", en fin, contra lo subjetivo de lo mínimamente subjetivo.
Al igual, si una persona tiene gangrena, o bien se extirpa lo gangrenado o no hay nada que hacer, ante todos, quieran o no quieran, bailando o tumbándose al sol, eso es.

La muerte por hambre de miles de niños no, no es algo subjetivo ni puede arreglarse subjetivamente, ni sirve lo subjetivo aun en un principio para conocer el problema, ni puede arreglarse sin eliminar casi todo lo subjetivo, claro, sino el hambre en verdad es algo real que sólo con medidas de acción reales -y planteadas previamente con rigurosa factibilidad-se evitará; es decir, no se salva ni se salvará con lo subjetivo, ni con la prisa del gusto, sino ante todo con el objetivo absoluto o infinitamente absoluto -o más si lo hubiera- de "dándoles de comer", ni más ni menos.

Sí, lo subjetivo debería servir para distraer a nuestro ego, en claro, contra el aburrimiento, contra la monotonía, contra la depresión, para el juego -que causa placer y está bien-, para que lo social se unifique –convenciendo subjetivamente- mediante gustos particulares que cualquier sociedad debe de tener en cuenta para que sea lo más atractiva, participativa o democrática, para sentir experiencias emocionales que se comparten, para que se estimule la convivencia y la persuasión, para ayudar incluso -con tal persuasión- a que algo objetivo lo entienda alguno o "un cerrado de mollera" o un censurador de tal o cual medio de comunicación, etc.

Por ello, para respetar el Medio Ambiente no ha de proponer cualquiera "Esto es relativo, vamos de juerga...,vamos a hacer cada uno lo que nos parezca o lo que nos venga en gana", nunca, sino con criterio se ha de considerar primero lo objetivo, estrictamente lo objetivo muy ya por encima de lo subjetivo.
Teniendo en cuenta que lo subjetivo, lo que atiende a valores individuales y al mismo tiempo dependientes de una moda, es solamente algo subjetivo, personal, pero nunca... "relativo"; conforme a que, para que la realidad -aun la realidad individual- fuera "relativa", tendría que depender de algo extrarreal para que haya una visión distante o de referencia, no racional, no estable en el ámbito de la razón, y no es así: la realidad sólo depende de sí misma o, por principio, de la acción real que pueda hacerla.

Si no hay acción de comunicación, no habrá comunicación; si no hay acción de justicia social, no habrá justicia social.

Las tan recurridas perspectivas sólo pueden concebirse como recreaciones personales -necesarias socialmente- o subjetivas o que buscan o que ayudan a una objetividad, pero éstas no pueden extrapolarse como inherentes al terreno de la objetividad; ya que una perspectiva se fundamenta en la existencia de un punto fijo, el cual no existe nunca ni siquiera subjetivamente, puesto que el ser humano no puede ni podría aislarse como elemento de la realidad y a su vez estar determinando toda la realidad, sino está haciendo realidad como todos sus elementos que interactúan o está construyéndose -nunca solo- de realidad sin que pueda condicionar eso ni evitarlo -y ya, en cambio, la perspectiva considerada erróneamente como objetiva, pretende condicionar la realidad o darla como ajena o manipularla-. El establecer un punto fijo determina toda la realidad a esa fijación en su concepción, por eso es un gran error.

Como conclusión, el ser humano, no puede imponer un punto de construcción del todo, en tanto que él es un estado de construcción que sigue en coherencia con este estado más que con él mismo.
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(*) Un sistema perceptivo no es porque sí, sino que atiende a una lógica que lo sustenta; así, el ser humano percibe por algo, con una causa y proceso, siguiendo a un modelo que comparten todos los de la misma especie.
Un peral no percibe lo que le da la gana con respecto a otro peral, sino lo que corresponde a leyes naturales o con una sincronía por ser "semejante" a los otros perales, es decir, para que sea peral debe tener unos denominadores comunes de percepción con respecto a los de su misma especie, con respecto a los que en cualidades físicas comparten o tienen lo mismo.
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NOTA.-
Una persona puede negar que respira por una intención escéptica o por una intención egoísta o por una intención... demente; pero, al momento que en verdad esa intención es real, es decir, que esa persona se queda intencionadamente sin respirar algunos minutos, deja de negarlo eso su verdadera intención de fondo y de práctica, su intención sin exhibicionismo, la puramente existencial.
El escepticismo no existe en el fondo; sólo existe como voluntad exhibidora e hipócrita -para llamar la atención-, pues nadie considera en la práctica una piedra para comérsela, ni una vida para no amar, etc. Es decir, nadie es absolutamente escéptico sino, cuando ya lo es en algo, por fastidio o como protesta, manifiesta que está harto o lo es de todo.
Todas las personas apoyan cada minuto que viven verdades absolutamente comunes (antiescepticismo en el fondo, porque ahí no impera el derrotismo en mantener una coherencia o la hipocresía o el chulerismo intelectual).

domingo, 2 de octubre de 2011

LA VENTA DE UN PRODUCTO PSICOLÓGICO:
La inteligencia emocional.


Según sus postulados, tienen inteligencia emocional quienes son muy activos y además controlan sus emociones. Bien, lo primero es que hay confusión, pues los que controlan sus emociones son “personas con una capacidad para eso”, solamente, ya sean activas o no sean activas, ya sean extrovertidas o ya sean introvertidas (además, para que haya un control emocional, debe haber mucha “vida interior” muy ordenada o introversión y esto, a su vez, impide tanta actividad emocional exterior o extroversión).
Pero, para vender mejor tal producto psicológico, añaden que “son lo que se adaptan bien”; sí, así es, van a conveniencia atribuyéndoles “todo lo bueno” porque todos vean que el lema o el efecto de ese producto es muy bueno y aun irrenunciable para la sociedad: “son los que hacen el amor mejor”… pues, ¡como controlan y dosifican las emociones!, también lo harán en ese contexto.
Sin embargo, el fondo del error es más grave en cuanto a que van clasificando, ramificando una y otra vez lo psicológico sin más, en prejuicios. Claro, los que tienen una virtud –ser cariñosos o amorosos- no es forzosamente porque tengan inteligencia emocional, no, sino porque poseen esa concreta capacidad que no restringe o no impide o condiciona cualquier otra capacidad de inteligencia.
La inteligencia, sí, es algo ya propio de todos los seres humanos y toda, absolutamente toda, es emocional en cierto grado “personalizado”, no clasificatorio; puesto que, si la inteligencia se clasifica –sin fundamento- en magnitudes de emocionalidad, eso da cabida a que las razas –como portadoras de inteligencia o que conllevan inteligencia- también pueden ser clasificadas –con esa misma licencia- por definición de ser unas más o menos emocionales.
El asunto es muy serio y lo aclararé aún mejor: No se puede decir que un grupo de personas –bajo unos lemas mejores de atribución- sea inteligente, no, sino que solamente una u otra persona –particularmente por sus capacidades- es inteligente; al igual, no se puede decir que un grupo de personas sea emocional o imaginativo, no, sino que solamente una u otra persona –particularmente por sus capacidades- es emocional o imaginativa.
No se puede asentar tampoco una inteligencia positiva COMO PREESTABLECIENDO PRIVILEGIO –ya de antemano- para un grupo de personas y justificarlo en algo injustificable o irracional; por ejemplo, en que “los que tienen inteligencia positiva son los que son extrovertidos”. No, porque millones de personas que han sido introvertidas han sido muy positivas –o constructivas si así se entiende-, en la introversión o introspección que han dado a su obra creativa. Pues no se puede crear o construir el bien sin una gran dosis de introversión, y tampoco sin una gran dosis de rebeldía –o rechazo a una adaptación forzosa o no libre en conciencia o pasiva-. Así es. Todo es necesario, pero no pueden imponerse preesquemaspara que se sobreprotejan- de diseñados grupos teóricos, con los cuales se consigue un dirigismo –no libre- psicológico. Y otro aspecto es reforzar capacidades “buenas” de una forma personalizada o de alguien en concreto, siempre a modo de apoyo emocional –o a un existente carácter emocional que todos tienen, sea el que sea-.
Por último, los que defienden este "porque sí", van buscando la justificación interesada o adecuada a su arbitrariedad, por lo que -por solo pensar en sus beneficios- no aceptan la racionalidad o la desprecian no demostrándola.
Sí, buscan uno u otro truco: "es que es una manera del decir emocional" -declaran- pero es la única manera válida porque la consideren inteligente, teniendo en cuenta que el "decir emocional" tiene que ser libre porque sea emoción propia o libre y no condicionada; "es que es la única manera válida para mediar en la sociedad" es también una absoluta mentira porque, para mediar, es imprescindible COMPRENDER, algo que es intelectivo (más que emocional, pues la pura emocionalidad -desde que nació su concepto o significado- conlleva espontaneidad e imprudencia) y PERSPICACIA por manejar una situación, algo que es intelectual-imaginativo.
No, no se puede engañar como validez racional; y no pueden ellos, a ultranza, recurrir a todo, al "todo vale" por seguir justificando una sinrazón.
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La manipulación emocional (haciendo creer que se es o no inteligente o que se tienen supuestas capacidades) es la cara más horrible de la historia; y la realizan las ocurrencias de seudoexpertos y de los que dominan.

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Con potenciar cualquier emocionalidad NO HAY UN EFECTO DE UNA MAYOR INTELIGENCIA, ¡nunca!, sino ÚNICAMENTE con la adquisición y evaluación crítica y autocrítica de conocimientos. El arbitrio de afectos o emociones -por muy bonita que parezca la intención- conduce absolutamente siempre a la manipulación; pues ¿a quién hay que darle esos afectos? y ¿a qué o a quiénes no?, es decir, ¿qué regla universal hay ahí para que sea imparcial y no manipulable?
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El "sentir propio" (la SENSIBILIDAD propia) es lo único que diferencia a un ser humano de otro en su concepción libre del vivir o de la misma vida; y, evidentemente, la sensibilidad no es más que la emocionalidad: las emociones. Entonces, si eso se intenta coartar, se coarta su identidad esencial (cuando a un ser humano se le muere su padre, es solo su emocionalidad la que debe realizarse, no la que digan los demás; cuando un ser humano se enamora, es solo su emocionalidad -sin impedimentos- la que debe realizarse, no la que gusta a una "estética" o a unos esquemas inventados -porque son inventados- de control psicológico).

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¿Qué es el Sentido Crítico?

Pues la aplicación rigurosa de las reglas racionales a cualquier hecho real y enunciado -que pretende ser cierto- sobre él.

En contrastación o en verificación, ante esa BASE de las reglas racionales, el sentido crítico CUESTIONA todo lo que se dice en la sociedad (donde impera -por orden- el interés mediático, el rumor arrojadizo y el tópico que se fija).

Y lo cuestiona con un PROCEDIMIENTO de imparcialidad, es decir, dando una
prioridad a las mismas reglas racionales sobre lo que uno mismo vaya a enunciar; por lo que aquí, en el procedimiento, es esencial la AUTOCRÍTICA: el DISCERNIR lo que es estrictamente racional de lo que no lo es de tu enunciado, esto es, el percatarte de que tu enunciado -con pruebas y con coherencia- DEMUESTRA racionalidad.

Lema de su aplicación:
- Lo que parece ser cierto -de lo que digan los demás y de lo que diga yo- aún no lo es, será únicamente cierto si se demuestra racionalmente y, además, rebate bien todas las argumentaciones que van en su contra.

Lo que imposibilita el sentido crítico (errores graves):
- Mansetud y obediencia: Porque el sentido crítico requiere imprescindiblemente CONTRAPOSICIÓN
, y no aceptar un valor o hábito de antemano dado como cierto.
- Cuestionar que un ser vivo no sabe verdad, que no sabe la verdad de la realidad: Si eso fuera así, ni un ser vivo, ni uno, podría sobrevivir ni un solo segundo. Puesto que cada ser vivo es una consecuencia directa de la realidad: sabe quién es su madre, qué alimento ha de comer, cuál es su depredador, etc.
- Cuestionar a la misma razón, cuestionar por cuestionar o por fanatismo, la duda irracional: Sí, cuestionar lo ya demostrado, cuestionar que los médicos curen o que una medicina -que lleva siglos curando- cure, cuestionar que los animales no se reproducen, etc. Negacionismo, delirios de negación o exterminar -por paranoia- todas las reglas que haya e instalar, así, en conveniencia alucinatoria un "todo vale".

martes, 16 de agosto de 2011

LAS COSAS ACTÚAN DE UNA FORMA SOLO E INTEGRAN ESE CONTEXTO EN DONDE ACTUÁN


Las cosas sobrellevan unos principios, unas interacciones y un desarrollo. Son porque se ha permitido que sean. No son fijas porque en el fijismo no se determina ser algo -que conlleva movimiento o cambio-, por ello el fijismo es imposible, no existe. Lo que existe es porque integra algo, consiste en algo y porque actúa en algo, sucede, ocurre: es un hecho.

Algo "que es un modo de actuar" no está libre de su existencia particular, no es "para sí solo", no es fijeza privilegiada que sustenta un neto "para sí", ni sustenta aún menos "un nada". Las cosas son existencias "comoquiera que sean" interactuando, en las formas que sean, unas u otras, o sea, rigen maneras de existir, combinaciones posibles; y no pueden prescindir nunca de ellas, puesto que de ellas resultan o son consecuencia.

Nada se transforma en una forma desde y con la nada, sino desde y con "algo ya existido"; por lo tanto, permanecen esencias de ese "algo existido" (procedencias), es decir, siguen existiendo -de otras formas en sus permanentes esencias-. Y esas formas determinan o sustentan la acción, desde luego, la existencia, el ser que actúa en un presente; porque un ser no puede existir sin actuar en su forma última: la existencia es presencia(1), actuación.

Ahora bien, aparte, el ser humano mide formas, pero no mide esencias -éstas no se pueden medir pues muchas son leyes mismas, principios irreductibles-. Sí, "todo fluye", pero es siempre "algo", al fin y al cabo, lo que fluye -quiero decir, el todo es también "algo", que el ser humano para su comprensión lo divide en "algos"-.

Bien, el ser humano opina sobre las formas que hay, las decide para construir convenientemente más cosas "con las mismas materias primas de la realidad", las aprueba y las desaprueba -las excluye- ; por eso dice que son "variables" -pues las son- y "manipulables" porque las manipula él mismo en emociones con respecto a unas capacidades concretas, a lo que salga. Esto es, él es un integrante de la realidad y también -¿cómo no?- interactúa para posibilitar unas formas. Sintetiza "su modo" como lo hace una planta con la luz del Sol por ejemplo o, más ampliamente, del entorno.

Sí, "todo pasa", pero siempre a través de un camino del medio que existe, eso, de una forma; y un "algo" pasa y pasa en sucesivas formas que se derivan unas de otras. Cada una de ellas es asimismo posibilidad y, por haber sido ya posibilidad, existe ya como posibilidad o capacidad misma de la realidad. Más aún: la realidad no excluye nada que exista, ninguno de sus elementos y ninguna de sus formas, por eso ninguno de ellos es prescindible, sino absolutamente imprescindibles, así es, que no se pueden restringir, que no se pueden... negar; porque irremediablemente intestan -o median- como la base del todo.

No están para los caprichos de la negación; y no puede salir cualquier asno por ahí negando lo que le parece y vendiendo, con muchos recursos públicos, que a él le sigan, que sigan a la negación, sí, a ver qué pasa.


(Cualquier cosa sólo puede ser una forma que precedentemente le ha hecho, no dos ni tres -por ejemplo, el ser humano no puede actuar como ser humano y como perro-; pues bien, eso ya es una condición definitoria, de la cual siempre depende.)

viernes, 7 de enero de 2011

LA IMPOSICIÓN

Se necesita poco entendimiento para tener en claro que únicamente otro u otros te pueden imponer algo -contra tus propias decisiones- desde un poder social superior al que tú mismo tienes; es así, exactamente así, puesto que te ves obligado a “aceptar” o a aguantar algo por la fuerza, ya sea por mera supervivencia o ya sea por un digno bienestar cuando, esa imposición, se te utiliza a modo de acoso presionando tus propias libertades en restricción de la racionalidad.

Luego, sólo y nada más puede imponer lo predominante (las costumbres, las leyes, las modas, etc.) y quienes poseen recursos de presión (económicos, mediáticos, políticos, religiosos, patrióticos, etc.) que otro, que no los posee, no los puede eludir o que no los puede vencer ni con los valores éticos ni con la capacidad del convencimiento libre o con la sensatez en suma.

Y está expresado sin que se le imponga a nadie; como el expresar que realmente el Sol sale por el Éste pero, si crees que se te impone esta realidad, pues sácalo por el Oeste y, así, no se te impone y te pones lo antirreal.
No más engaños, no más manipulación, quienes están alineados -en protección y en beneficios- en uno de esos poderes de presión -no ejercidos sólo por el convencimiento- sí imponen en evidencia desde todo el poder de tal alineación; pero no quien está fuera en un uso prioritario y exclusivo de la racionalidad.

Ya dije en otra ocasión que mis detractores -esos- son tan miserables éticamente que, hasta para insultarme, son estúpidos y apestan a cobardía.

Uno, un violento colombiano, con los tornillos flojillos de eso que llaman cerebro, me dijo que yo le imponía mis demostraciones; pues bien, sí, éstas se difunden en Internet -que para eso es de todos- sin alguna alineación de poder por mi parte, sin apenas recursos por mi parte, sin marketing ni mecenazgos, sin privilegios grupales, sin padrinos ni apoyos de influencias por mi parte, sin “peloteos” por mi parte y -lo más importante- sin alguna cerrazón o intolerancia por mi parte para aceptar -ya directo al grano- “lo que se demuestra” o lo que se prueba contra lo que hago o contra lo que digo.
Por supuesto, se difunden así, con la absoluta libertad en cualquiera para decidir conocerlas, para contactar conmigo -ya que para eso existe el bloqueo del “correo no deseado” o la expresa o sencillota advertencia del... decírmelo, que es fácil, como rascarse la nariz-.
Además, la publicidad del tan importante conocimiento -no lucrativo- ha existido durante toda la historia, y es nada más que dignamente necesario.

Aunque, claro, a bastantes, a los que imponen sin escrúpulos -desde el poder de una alineación acosadora de prejuicio o sinrazón- intolerantemente les molesta todos esos que les exigen que respondan a sus errores o nada más les molesta que les frenen tener poder; por lo que, de inmediato, a jauría mental, a gran perversión, atacan a lo personal del otro que ama la vida “no miserablemente ética o inhumana” diciéndole que es un ignorante, un rudo, un paria o ya un inferior a su clase mental podrida. Eso sí que lo saben hacer en sinrazón, en egolatría y en crueldad.

Cada uno sólo es lo que es capaz de demostrar en hechos y en coherencia racional; y lo demás son trucos para destruir.


José Repiso Moyano
http://delsentidocritico.blogspot.com/

martes, 12 de octubre de 2010

LA CRUELDAD DE LA ESTOLIDEZ INDIVIDUAL Y SOCIAL


(La saturación y la mediación no vocacional -exactamente lo que ahora ocurre- son el caldo de cultivo idóneo para la estupidez.)


La idiotez o la estupidez tienen muy difícil solución conforme a que dependen, velis nolis, de la porfía, de la egotendencia, de la terquedad de tu impulso genético; pero, en cambio, la estolidez ya es más flexible a la voluntad y se determina por tus vinculaciones con el discurso social de tu época -incluso puede ser, a un mismo tiempo, con un discurso contigo mismo de tus libros leídos- que has adquirido culturalmente, que te han educado -a modo inamovible- para una mayor o menor eficacia de consecución coherente de los valores éticos. He ahí que la estolidez (de "stolidus") es una derivación o un producto de “prejuicios” en la consideración de que, un prejuicio, es la asimilación por el entendimiento -por el juicio personal- de sinrazones por simple ignorancia y, también, de sinrazones establecidas como válidas para unos intereses predominantes.

Sí, ante el estólido no hay más justificación que “eso es así y, si es así -sin que haya reacción sensata o en inamovilidad-, no hay por qué reparar en alguna responsabilidad; de tal manera que no hay escrupulosidad, ni empatía ni autocorrección: no hay contraposición a lo establecido, sino complacencia y, en único dirigismo, indiferencia institucionalizada (a través de unos “modales de comportamiento” no más que justificadores de esa falta de respeto hacia lo que el otro es verdaderamente en dignidad, por los daños que se le causan).

Al respecto, con la mujer durante siglos se aplicó, a saber, esa modalidad de la injusticia; pues, como las vejaciones de su desigualdad, eran tan habituales y tan “normales” al uso y costumbre de lo que tanto se consentía, no había por qué advertir que tales vejaciones, ésas, significaran algún sufrimiento. Y, en la actualidad, cuando se trata de la ablación del clítoris o de maltratar a un animal, es lo mismo: es el prejuicio (que no se encuentra en los genes), sin duda, es la estolidez, lo que se establece en estulto como "inmovible".

Tras eso aclarado, bien, para que tú sepas “lo que has hecho” siempre te has de dar cuenta primero de tu proceder sensato o acorde a unos principios éticos, los cuales se han demostrado sólo racionalmente y, desde ahí, con unos modales u otros -con tu carácter definido y tus recursos limitados-, promoverlos y defenderlos para que se practiquen. Tal cual, y que nunca sean unos modales que te hayan educado interesadamente o que sean unos cruelmente pasivos o hipócritas ante tu responsabilidad ética -e intraicionable- de lo que se hace o ocurre.

Cierto, sin caer en conveniencias sectarias o en positivismos en manos de la desatención ética, si un hombre viola a un niño con sentido del humor ES EL IDÉNTICO DAÑO que si ese niño no tuviera sentido del humor, si unos vetan la dignidad de esfuerzo al señor X es el idéntico daño que si ese señor X fuera homosexual o negro o “con otra forma de sentir”, si un marido a su esposa le rompe un brazo es el idéntico daño si su esposa fuera optimista o antipatriótica, si una familia impide un derecho o que se realice como persona un hijo es el idéntico daño que si ese hijo es introvertido o extrovertido, etc.

El negacionismo del daño por una cómoda y prepotente impunidad es lo más característico del depravado o del destructor de lo ético; pues justifica un hecho "que hace" totalmente injustificable por... algo, por su crueldad, cuando no se debe justificar POR NADA tal hecho.


José Repiso Moyano

martes, 5 de octubre de 2010

LA VALENTÍA


No se puede decir que algo es lo que no es; pues eso es confundir y, en su consecuencia, manipular.
La valentía es sólo la aplicación del ánimo que, estrictamente siendo volitivo -o por esfuerzo-, produce una eficacia en vencer los problemas o sus miedos.

Demostraciones de que es eso:

– La valentía es hacer un frente a lo que ocurre, a los hechos, a las cosas; es, pues, un afrontarlas, es una actitud. Sí, se puede tener cierto vigor genético pero, éste, primario -sea el que sea-, se ha de guiar obligatoriamente con ese conocimiento que se adquiere de las cosas, porque se afronten realmente tras conocerlas; o sea, es una decisión -con conocimiento de causa- ante las cosas.
– Así, siendo una actitud, también ha de ser ética o sustentada en unos principios; claro, con una autoridad cívica porque no tenga daños innecesarios en los demás (o que no sea una valentía sólo egoísta o perversa o cínica; por ejemplo: la valentía de suicidarse, la de matar a un niño para que no sufra, etc.).
– Y, desde ahí, siendo una actitud ética -ineludible en un contexto social por mejorar con prudencia las cosas- debe de ser la valentía constante, perseverante -o, al menos, en todo un hecho-; es decir, mantener su entereza porque una finalidad de mejora se consiga. He ahí que es, en esencia, un esfuerzo honesto, un aliento, una estimulación propia, una contraposición o una resistencia ante algo para que cambie. ¡Siempre!; es evidente, si no te contrapones a una situación o a algo por defender una óptima situación, ¿qué has puesto entonces de tu parte porque sea algo mejor?

Más claro, cuando quieres salvar a una persona de un incendio, en verdad no paras, no te detienes -perseverante- hasta que la salvas; y recurres a todos los esfuerzos tuyos posibles, en un arrojo sin apenas miedos habituales (porque tal valor, tal atrevimiento, lo vas afrontando primero en ti mismo venciendo... miedos), en un encararte -de corazón o de buena fe- con el peligro de la situación y, a él, ganarle. En eso, bien sabes que para ganarle con una eficaz valentía, has de tener unos cuidados necesarios y prudentes, los imprescindibles; cierto, has de tener una valentía inteligente, no de “matar moscas a cañonazos”, no de malograr esa valentía que tú únicamente, ahí, has decidido. Y es que, a veces, puede ocurrir que una valentía no sea la más prudente, la que se esperaba -o no sea una valentía debidamente prudente- pero, eso, no significa que no sea desde el principio una de buena intención, esa que intentaba... algo mejor.

En resumidas cuentas, el que es valiente utiliza su naturaleza (aptitud genética), su voluntad (aptitud cognoscitiva) y su ánimo (actitud cognoscitiva) para serlo en o ante un hecho que le “choca” o que le supone un obstáculo por defender algo, el cual quiere cambiar (actitud intencionada). Bien, si lo intenta cambiar con unos principios, ya es una valentía ética; y será prudente por cuanto se esfuerce en ser consecuente o coherente -al mínimo riesgo- para sus principios.

De sabido es que el no decir la verdad o el despreciarla, claro, es lo primero que atenta a todos los principios; pues los encauza directamente hacia la mentira, o los invalida en su ejercimiento o en su práctica, en coherencia. Sí, siempre se miente por una estrategia que, antes, es consciente aunque haya recurrido a cierta inconsciencia; y sólo es una estrategia del tener miedo por una protección interesada (no se miente si todo va bien o ya no si se quiere esconder algo por un miedo). Y, así, para vencer ese “tener miedo en las estrategias de la mentira” se necesita nada más que digno valor o una mínima valentía. Si no, la esencia, la virtualidad o la credibilidad de sus principios es un “agua de borrajas”.


José Repiso Moyano

jueves, 31 de diciembre de 2009

LA VERDAD ES INHERENTE A LO MUCHO QUE LA ADQUIERE


Dos seres humanos pueden adquirir la misma verdad; pero pueden defenderla de diferente manera, pueden UTILIZARLA para dos intereses -según su subjetividad-, sí, acercados por una conveniencia -consensual- o incluso, por el contrario, totalmente opuestos.

Una verdad sólo existe porque un ser HA CONOCIDO algo; entonces, la verdad la ha conocido -ese ser-: ESTÁ en ese ser, está ahí, es ya su base, puesto que imposiblemente no puede estar en nada.
Así pues, ESTANDO AHÍ, no puede estar en lo abstracto, en la inexistencia, en el no-ser, sino en un ser -de muchos- que siempre presenta una capacidad de... ella.
Es decir, todo ser YA -en inherencia- conlleva verdad; lo niegue o no lo niegue, le guste o no le guste, se vaya a donde se vaya.

La verdad (las causas y efectos de la realidad -considerando que los seres están formados de realidad- o los hechos, sin duda, permitidos por causas) sólo es determinada por el conocimiento; por lo tanto, no, no de un ente único que la dicta -a sí mismo o a nadie-, sino inevitablemente por muchos seres -o varios, en el “una cosa conoce a otra”- con la capacidad “del conocer”. Y ésos nunca, absolutamente nunca con o por medio de “una perspectiva imaginada” que los imposibilita o los exime del constituirla -y así no ser nada-, sino con capacidades o consecuciones de ella.

De ahí se agranda el gran problema incoherente, lleno de ligereza y de facilismo, profundamente gratuito, que ha creado el recurrente perspectivismo. Claro, son muchos seres “los que conocen” y no uno para tener FIJADO “lo verdadero” (lo que implicaría que todos, en consecuencia, llegarían a las mismas conclusiones; y, de ahí, se excluirían las demás capacidades: la “del sentir”, la “del decidir”, la “del protestar”, la “del gustar”, la “del progresar”-esto es, todo sería inmóvil a merced de un ente único que ya lo da todo hecho y, si lo da todo hecho e inmóvil, en efecto, no existe evidentemente verdad, ni... nada-).

No, no nos engañemos con tales tonterías -sin apenas algún fundamento o sin alguna demostración-, ese “fantástico perspectivismo” no existe (sí en lo subjetivo, pero eso es subjetivismo o el producto de la emocionalidad con sus prejuicios), sino sólo existen consecuciones del saber con las capacidades que, por él -por el saber-, poseen los seres vivos -o, en nuestro caso, los seres humanos-: Un ser sabe que inhalar aire contaminado le está dañando y otro ser no, un ser sabe que un alimento en concreto le está curando una enfermedad y otro ser no lo sabe, etc. Conque cada uno tiene sus consecuciones de verdad, no más.

Ahora bien, por otra parte, en la sociedad se mueven muchos intereses personales o grupales; y, para defenderlos a todo coste -en competición, para salir ganando-, únicamente es eficaz la retórica -que intenta, sin poderlo eludir, adecuar verdades con mentiras-.
Ahí, pues, está la retórica política -en unos niveles más altos o menos altos de verdad-, la retórica patriótica, la retórica del arte, la retórica religiosa, la retórica económica, etc. (en cuanto a que son intereses -de competitividad social-, antes que otra cosa, la política, la patria, el arte, la religión, la economía -social-, etc.; e intereses, claro, que se han convenido sobre o a partir de conocimientos).
En esta predisposición social no es que existan perspectivas por errónea deducción; lo que existen, en probación, son capacidades del conocer condicionadas por unos obsesivos o apasionantes intereses (que conocen perfectamente, sí; pero, a la hora de reconocer, en ese momento, reconocen LO QUE LES INTERESA). Y... una retórica interesa porque aventura una confrontación a otra retórica -de distinta opción social-.

Por ejemplo: Para construir una bicicleta no hacen falta retóricas -ninguna-, sino estrictamente verdades conseguidas por el conocimiento, unas en concreto que se precisan para construir ésa bicicleta -tanto en un mundo como en otro mundo-; pero, en cambio, ¡ah!, para venderla , siempre sí, ¿se comprende ahora mejor?


José Repiso Moyano